Revistilla tolerante y desenfadada · n.º 1
Antonio M. Moreno
El Buscador de Versos
Lo primero que autoedité para tener algo que vender en los primeros recitales y poder beber —que no vivir— de la poesía. Madrid, 2000.
Bienvenidos al maravilloso e intrigante mundo de la poesía. He aquí una muestra minúscula de que no todo lo bueno sirve, ni todo lo que sirve es bueno. En las siguientes páginas no existe más que el firme propósito de hacer pasar un buen rato, echarse unas risas y ver la vida desde otro prisma. El prisma de la vasta subnormalidad del autor.
Hay poesías que jamás de los jamases tendrían cabida en un libro de poemas, como por ejemplo todas las que a continuación se encuentran (que no son pocas). De ahí el hecho de haber creado esta revistilla, tolerante y desenfadada, que acoge en su seno aquellos versos que revolverían las tripas a cualquiera de las letras, MAYÚSCULAS o minúsculas, de la Real Academia Española, a mi primo de Alcobendas, e incluso al mayor Aznarfabeto del reino.
Es cierto que tengo en mi haber varios poemas muy valorados por augustas eminencias de la literatura, pero esos los dejo para cuando me den el Premio Cervantes, que me lo darán. Aunque pensándolo bien no creo que me acerque a recogerlo, todos sabemos cómo está el tema del aparcamiento por el centro y yo soy de esas personas que pasan de pagar la puta zona azul.
Salud.
A principios de los 2000, un poeta madrileño de barrio de extrarradio —al que sus amigos conocían ya como «el Buscador de Versos»— necesitaba tener algo en las manos para vender en los recitales de bar que empezaba a dar. El resultado fue esta revistilla: treinta y cuatro poemas fotocopiados, grapados y vendidos a precio de caña para poder seguir bebiendo —que no viviendo— de la poesía.
Poesía en los Bares I es exactamente lo que dice ser: versos para leer entre rondas, entre risas, entre el humo del cigarro y el ruido de fondo de una taberna de Madrid. No aspira a la eternidad literaria, aspira a que alguien se reconozca en ellos y se ría, o se duela, o ambas cosas a la vez. El libro está construido sobre una voz inconfundible: irónica, autodespiadada, callejera y, de vez en cuando, brutalmente honesta.
La revistilla recorre los territorios que definen esa primera voz poética: el amor que se pierde y que se busca en bares, la amistad como forma de resistencia, la ironía ante el consumismo y la política, la soledad personificada como compañera de piso, el deseo sin disfraz, la infancia de barrio con sus personajes irrepetibles, y la muerte como tema que ya asoma sin tragedias, con naturalidad de quien sabe que tendrá tiempo de escribir sobre ella. Y un largo poema final —«Historia de un Poeta (I)»— que es la declaración de intenciones de todo lo que vendría después.
Juzgar Poesía en los Bares I con los criterios de un poemario convencional sería no entender qué es. Es un documento de origen: la primera prueba pública de una voz que ya estaba formada y que, años después, desarrollaría su mejor trabajo. Vista así, la revistilla resulta extraordinariamente reveladora: casi todos los rasgos que harían grande a Antonio eMe —el humor como escudo, la imagen cotidiana cargada de sentido, la ironía sin amargura, la honestidad sobre el deseo y el fracaso— están ya aquí, en estado bruto y genuino.
Lo mejor: «Para siempre» es el poema más acabado y uno de los más poderosos de toda la producción del autor —la soledad personificada que pone la lavadora es una imagen que no se olvida. «Para decir tu nombre» demuestra que ya sabía construir un poema de amor desde el procedimiento y no desde el sentimiento directo. «Nanas del hombre muerto» tiene una cadencia de haiku en estrofas de tres versos que es técnicamente impresionante para una primera publicación. «La vuelta del verano» —el poema de los mosquitos— es puro cómico timing poético: el giro final del Raid en la boca es uno de los mejores remates humorísticos de la poesía española de principios de siglo XXI.
El arco del libro: arranca con humor y termina con «La primera vez», un poema que es casi un ensayo autobiográfico en verso y que concluye con la pregunta que todo poeta joven lleva en el bolsillo: «y todavía no sé qué coño voy a hacer, YO, con mi vida». No hay mejor forma de cerrar un primer libro.
Lo que aún está en formación: algunos poemas de la sección más festiva («Nana para un niño grande») están escritos más para el recital que para la página, y su humor —efectivo en vivo— pierde algo en la lectura silenciosa. El poema «Hiroshima», aunque valiente en su brevedad extrema, queda como un apunte más que como una pieza acabada. Son detalles propios de una primera entrega y en ningún caso restan valor al conjunto.
La revistilla íntegra, tal y como se vendía en los bares de Madrid en 2005, dividida en cinco bloques. Haz clic en cualquier título para leer el poema.
El territorio fundacional: la noche, el bar, el verano, el deseo, la amistad.
La vuelta del verano…
apertura · comedia de madrugada
El poema de apertura perfecto: en treinta segundos ya tienes al público comiendo de tu mano. El mosquito-general con casco de ramas atrincherado «tras el joyero de Belén» es un personaje cómico de primera línea. El giro del Raid es uno de los mejores remates de toda la obra del autor.
Lluvia a mala hostia
minipoema · diez versos, un mundo
La perfección en diez versos. «El sofá que me espera / grita mi nombre a voces» no necesita ni una palabra más. El final convierte el lugar común de lluvia-tristeza en algo propio, exacto y con humor negro.
Consumismo estúpido
crítica en verso visual
Desnuda
poema de amor · final revelador
El poema construye una escena erótica que en el último verso se convierte en otra cosa completamente distinta. «Y te veo más desnuda que nunca» funciona en dos registros simultáneos. El giro final es seco y perfecto.
A mis amigos
el más emotivo · amistad como memoria
«Borrar el número del móvil para guardar alguno de un sobrino» es uno de los detalles más precisos de toda la revistilla. Y «cuando éramos aún puertas abiertas» es de esos versos que merecerían vivir solos en cualquier antología.
Para decir tu nombre
amor como procedimiento · el más técnico
Un ritual preparatorio para pronunciar un nombre —como si fuera un acto sagrado— y el poema llega a su destino en el último verso sin haberlo dicho nunca. «Me quito el mucho polvo que me queda / y el poco corazón» es de lo mejor de la revistilla.
La hora de las cañas
soneto de taberna · amor y jamón
Un soneto de bar. Que alguien en 2005 recitara un soneto en una taberna y la gente se riera y aplaudiera dice todo lo que hay que saber sobre la capacidad del autor para manejar los registros.
Las mentiras, las ausencias, los SMS, los besos que no llegan y los que sobran.
Asuntos propios
humor · la inspiración como excusa
Tus mentiras
amor con ojos vendados · uno de los más elaborados
«Como saben a azúcar me las trago» y «pupilas azul celeste con nubes dibujadas en el centro» son dos imágenes que demuestran que la voz del autor estaba ya muy formada en 2005.
Para siempre
el mejor poema de la revistilla · la soledad personificada
El mejor poema de la revistilla y uno de los más sólidos de toda la producción del autor. La soledad que pone la lavadora funciona simultáneamente en lo cómico y en lo elegíaco. La anáfora de «Sólo mi soledad» es una letanía que se carga de matices. El último verso cierra sin grandilocuencia y con exactitud total.
De tanto sabernos
el más musical · cuartetos perfectos
La paradoja del exceso de conocimiento como forma de ignorancia. Cuatro estrofas, un solo hallazgo, queda para siempre. Este poema apareció también en «Comida con amigos» (2026), con un verso añadido por Rubén Fuentes.
A la memoria de… (Bagdad)
poema político · soneto de denuncia
Fama
querer ser recordado · el taxidermista
Un poema sobre la inmortalidad que termina buscando al taxidermista en las páginas amarillas. El remate es perfecto: desinfla toda la épica anterior con un gesto cotidiano y ridículo que, paradójicamente, dice más sobre el deseo de durar que cualquier verso solemne.
Regreso
la ruptura en lista de la compra
Uno de los minipoemas más logrados. La lista de productos de limpieza crea un efecto de acumulación doméstica que hace que «También traerás tu sexo» sea completamente inesperado y devastador. Y el giro final desmonta todo lo anterior.
Viernes
oda al día salvavidas
El beso de la flor marchita
elegía de despedida
Los SMS, los hombres que mueren, los abuelos, las horas largas y Hiroshima.
Tu ausencia en 3 SMS
ausencia · el tripoema
Nanas del hombre muerto
haiku en tercetos · el más técnicamente ambicioso
Tercetos que alternan con haikus, creando un pulso de hombre que se apaga. Lucky sin filtro, Borges, marcos de bronce, lágrimas negras: un retrato sin sentimentalismo. «Tu muerte gris está buscando un taxi» es el cierre más original de la revistilla.
Abuelos
sin puntuación · tiempo sin pausa
Es en estas horas
las horas del bar · el amor y el fracaso
Hiroshima
el poema más breve · dos versos
El poema más corto y, en su contexto, uno de los más valientes. Dos versos después de una nota histórica que pesa como una losa. A veces el silencio es el poema.
El poema más bello del mundo
el más largo y el más redondo · narrativo
El mejor arco dramático de la revistilla. El poeta fracasa en escribir el poema que quería y encuentra sin buscarlo algo mejor. «¡Vaya mierda de yerno les diste!» es el verso más inesperado y el más honesto. El remate es emotivo sin ser cursi, que es exactamente lo más difícil.
Pobreza
soneto de amor en deuda
La muerte, la nana gamberrana, el amor en mayúsculas, los mordiscos y los poemas para niños.
Qué extraña sensación la de la muerte
desde dentro · voz del muerto
Variación comprensiva de «Invitación irrevocable al desalojo»
poema de ruptura · el más largo del bloque IV
Nana para un niño grande (o sea, para mí)
la más gamberrana · humor sin filtro
El poema más gamberro de la revistilla y también el que más éxito tenía en los recitales, según se adivina por su posición central. Escrito para reírse, para provocar, para ver las caras del público. Hace exactamente lo que promete.
Amor en mayúsculas
todo en caps lock · el amor a gritos
Mordiscos
los dientes de papel · elegía del alma encasquillada
Mi gata cegata
para los niños · la gata que aprendió a leer
El cisne en su tristeza
para los niños · amor imposible junto al lago
El final de la revistilla: la voz, la rosa, la primera vez y la historia de un poeta de barrio.
Tu voz
intimidad total · el más delicado del final
Una rosa en el coño
el más directo · historia de seducción e inevitabilidad
De primeras dadas
el más largo y narrativo del final · noche de mus y recuerdos
Historia de un poeta (I) + La primera vez
el cierre · autobiografía de barrio y declaración de vida
«Historia de un poeta (I)» es la crónica de una infancia de barrio que es al mismo tiempo la explicación de por qué existe este libro. «La primera vez» es la pregunta con la que termina. La respuesta implícita es el cuadernillo que tienes en las manos.
Comenzando el siglo XXI, un poeta madrileño al que sus amigos ya llamaban «el Buscador de Versos» empezaba a dar sus primeros recitales en bares de Madrid. Necesitaba algo que vender, algo que dejar en las manos de la gente que escuchaba. No había editorial que lo publicara ni presupuesto para hacerlo «bien». Así que lo hizo mal, en el mejor sentido posible: lo fotocopió, lo grapó y lo vendió a precio de caña.
Poesía en los Bares fue esa cosa. Una revistilla tolerante y desenfadada, como dice su propio subtítulo, que no aspiraba a la eternidad sino a que alguien se riera, o se reconociera, o le pasara el cuadernillo a un amigo con un «mira esto». Es la primera publicación de Antonio M. Moreno, antes de que se convirtiera en Antonio eMe, y en ella están ya casi todos los hilos de los que tiraría en los años siguientes.
La portada —las letras de POESIA EN LOS BARES formadas con las teclas de un ZX Spectrum— es también un manifiesto: poesía de código abierto, de teclado de plástico, de pantalla de televisor, de barrio. No de academia.