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Poemas para llevar en el bolso - María S.
María S
Poemas
para
llevar en
el bolso
Prólogo
Conocer a María S sucedió de forma casual, como ocurre con la mayoría de cosas buenas que alguna vez acontecen. Ella estaba pasando unos días en Madrid y buscó un lugar en el que aquella noche de jueves se leyera poesía. Fue así como llegó al Vergüenza Ajena, a su Jam Sinvergüenza, siendo Angel Petisme el poeta invitado, y así como me conoció recitando "El hombre que llenaba lunas antes de que anocheciera" en el posterior micro abierto.

Habíamos coincidido en la misma mesa sin conocernos de nada, y fue cuando bajé del escenario, tras recitar mi poema, cuando ella me comentó que le había encantado. A raíz de ahí surgió una conversación, lenta y tranquila, en la que terminó por confesarme que ella también escribía. Le pregunté por el nombre que debería buscar en las redes sociales para leer algo suyo, y ella me respondió que no estaba en ese mundo, que siempre había escrito en una vieja máquina de escribir que heredó de su abuelo, y que en esa vieja máquina era en la que seguía escribiendo. Y que sus poemas no estaban sino amontonados sobre el escritorio de su habitación, porque nunca había tenido valor para mostrárselos a nadie, y mucho menos para leerlos en público —me confesó con su entrañable acento gallego—.

Seguimos charlando un buen rato y no fue hasta casi el momento de despedirnos cuando se atrevió a pedirme mi dirección de correo postal, no sin ruborizarse al hacerlo. En estos tiempos que corren es extraño que alguien te pida tal dirección para escribirte, ahora que el e-mail es el medio de comunicación más utilizado no puedes por menos que sorprendente cuando te suceden estas cosas. Se la anoté tras el folio en el que estaba escrito mi poema y se la entregué con gusto, pensando que todo quedaría ahí y que nunca llegaría nada a mi buzón de metal, viejo y con la pintura verde ya cuarteada por el desuso y el cotidiano abandono. Pasó el tiempo y, como pensaba, no llegó nada. Mi vida siguió como hasta entonces. Cuando ya me hube olvidado totalmente de María y de mirar el buzón a diario, fue cuando Belén, mi mujer, subió a casa con una carta en la mano y diciendo que estaba dirigida a mí. En el remite sólo aparecía un nombre, María S. Entonces recordé de golpe nuestra conversación y abrí el sobre con nervios... Un poema. Un poema corto e intenso, y nada más. En seguida supuse que sería uno de aquellos poemas de los que María me había hablado... Me pareció interesante. No sólo el poema sino el modo en que estaba escrito y el olor que desprendía a tinta de máquina de escribir antigua. La verdad, he de decirlo, es que me sorprendió ver que María cumpliera su palabra.

Durante los días siguientes fueron llegando nuevos poemas a mi buzón. Uno a uno, un delicioso goteo constante de maravillosas letras que pude ir disfrutando día tras día. Así durante un mes, más o menos, 27 poemas. Hasta que llegó la última carta que recibí de María. Dentro de ese último sobre no había ninguna poesía, sólo unas palabras de agradecimiento por recibir aquellos poemas que ella suponía que habría leído y un deseo expreso: Que hiciera con sus poemas lo que creyera oportuno. Y lo que he creído oportuno, no sé si acertadamente o no, ha sido recogerlos en este pequeño libro...

Antonio eMe
@ElCafeDelLoco
DÍA 1
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