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Poemario · Análisis & Selección de poemas

El Café
del Loco

50 pajaritas de papel y otros poemas — Edición especial 12 años

Autor Antonio eMe
Primera edición Marzo 2013
Poemas 50 + 1 bonus
Registro Lírico, irónico, cotidiano

Valoración del poemario

★★★★★

A Dios,
por estar siempre ahí,
exista o no.



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01

Análisis del poemario

El Café del Loco es un poemario que lleva doce años demostrando que la poesía puede vivir perfectamente fuera de los circuitos académicos. Antonio eMe construye aquí un universo reconocible para cualquier lector: la barra de un bar, el metro de la mañana, una cama deshecha, la lluvia de Madrid, una separación que no llega a nombrarse del todo. Su mayor virtud es la accesibilidad sin renuncia: los poemas son inmediatamente comprensibles y, al mismo tiempo, tienen capas.

La estructura del libro es una de sus decisiones más acertadas. Cada poema de registro más largo va precedido por una «pajarita» numerada —un aforismo, un microrelato, una ocurrencia— que funciona como paleta limpiadora entre platos. Esto impide la saturación emocional y da al conjunto un ritmo de lectura ágil y adictivo, muy cercano al de un recital en vivo. No es casual: eMe es, ante todo, un poeta de escenario.

El registro oscila con soltura entre el erotismo cotidiano (Esta noche te ceno, El Paraíso), el humor negro y cervantino (La vuelta del verano, La chica de las gafas de sol), la elegía contenida (Sencilla melodía, Mi nombre es Nada) y la reflexión existencial (Enfermedad terminal, La primera vez). Esta diversidad es una fortaleza, aunque también su principal riesgo: algunos poemas de registro más explícito o coloquial (No me sale de los cojones, Una rosa en el coño) conviven con otros de una delicadeza lírica elevada, y la transición entre ambos mundos no siempre se negocia con igual destreza.

Los poemas premiados —El poema más bello del mundo (Moratalla, 2007), Me sobran las palabras (Alcalá de Henares, 2010), Desastres naturales (Alcalá de Henares, 2011) y El hombre que llenaba lunas antes de que anocheciera (Ciudad Real, 2012)— confirman que el autor es capaz de trabajar con igual solvencia tanto el poema de amor expansivo como el poema narrativo de largo aliento. Son la columna vertebral del libro y, posiblemente, las piezas que perdurarán.

02

Características de la voz poética

Tono y registro

eMe domina la mezcla entre el humor y la emoción verdadera sin que ninguno de los dos registros traicione al otro. Su ironía no es defensa sino herramienta: la usa para decir las cosas más serias de la manera menos solemne posible.

El yo poético

El narrador de estos poemas es un hombre consciente de sus contradicciones: torpe y lúcido, tierno y grosero, fracasado y obstinadamente vivo. Esa autoficción creíble es la que genera la conexión inmediata con el lector.

La ciudad como escenario

Madrid aparece como telón de fondo casi constante: sus bares, su metro, su lluvia, sus calles viejas. La ciudad no es decorado sino personaje que condiciona el estado de ánimo de quien la habita.

El amor y el cuerpo

El erotismo de eMe es afectuoso más que transgresor. El cuerpo de la persona amada se describe siempre desde el asombro, no desde la posesión. Incluso en los poemas más explícitos hay una ternura de fondo que los distingue.

Estructura y forma

Predomina el verso libre de cadencia oral, diseñado para ser recitado. Sin embargo, el poemario incluye también soneto (La casa), romance (Romance del ciego y la fulana) y prosa poética (La primera vez), demostrando una base técnica sólida.

Lo cotidiano elevado

Uno de los grandes aciertos del libro es encontrar poesía en lo minúsculo: los mosquitos de agosto, el metro de la mañana, el cepillo de dientes, el Zara del domingo. Lo pequeño se convierte en símbolo sin que el poema lo fuerce.

El humor como clave de bóveda

Las «pastillas» numeradas entre poemas son un invento editorial y poético brillante. Su humor —de Quevedo a Gila pasando por Umbral— no sólo alivia la intensidad emocional, también dice verdades que el poema largo no puede decir.

Compromiso y conciencia social

Bajo la superficie cotidiana y amorosa, el libro tiene momentos de denuncia directa: Mi nombre es Nada —dedicado a una víctima de feminicidio en Ciudad Juárez— es el poema más oscuro y necesario del conjunto.

03

Poemas seleccionados

Una selección de los poemas más representativos del poemario, elegidos por su calidad lírica, su diversidad de registros y su capacidad de perdurar en quien los lee.

El Café del Loco

Poema inaugural
Te espero a las cinco en el café del loco,
llevaré un libro negro sobre mi negro pecho.
Tú puedes traer, si quieres, una rosa
y apretarla bien fuerte entre tus finas manos,
así, cuando la sangre que te arranquen las espinas
comience a gotear por tu meñique,
sabré que ya has llegado. Que eres tú.

Te espero a las cinco en el café del loco,
sentado en esa mesa, en el rincón,
haciendo pajaritas de papel con servilletas
que no cesan de agradecerme mi visita
y que apenas consiguen mantenerse en pie.
Les pasa lo que a mí.

Te espero a las cinco en el café del loco,
si no puedes venir no pasa nada.
Puedes estar tranquila,
si no puede ser hoy que sea mañana,
y si no lo dejamos para la semana próxima,
para el próximo mes.
Para cuando te venga en gana o en deseo.

Te espero a las cinco en el café del loco.
Ya, ya sé que no es así como se llama,
que tiene un nombre fino y elegante,
que la gente que pasa por aquí
luce buenas maneras, ropas caras,
y una mezcla de lástima con odio
que puede adivinarse
cuando clavan sus ojos sobre mí.

Sobre el hombre de barba, despeinado,
que espera en una mesa del rincón
a que aparezca, a eso de las cinco,
una mujer hermosa, bien vestida,
con la sonrisa abierta y la mirada
con ese brillo ingenuo y despistado
de quien no sabe a quién es a quién busca,
ni para ni por qué,
ni qué pintan encima de la mesa
cincuenta pajaritas de papel,
ni qué es lo que hace aquí,
aparte de esperarla
desde hace mucho tiempo,
el loco que le da nombre al café.

El poema que da título al libro y lo define todo: la espera como forma de vida, el humor que esconde el abismo, la lucidez del que sabe que le llaman loco.

✦ ✦ ✦

El hombre que llenaba lunas antes de que anocheciera

Bonus poem
He llenado la luna.
He ido metiendo dentro
lo que ya no cabía en mi interior.
Me ha costado subirla hasta ahí arriba,
conseguir que colgara, sin peligro,
a la altura precisa, a la ideal
para que tú pudieras
verla enorme a través de tu ventana.

He llenado la luna.
He ido guardando dentro
retales de momentos
ahora casi olvidados,
todas esas palabras que no salen
de mi boca cuando te tengo cerca,
las miradas que juegan a esconderse,
y los besos que nunca te daré.

He llenado la luna.
He estado todo el día trabajando,
sin pausa y sin descanso,
para meterlo todo,
para que no quedara nada fuera.

No quisiera que luego, por la noche,
no brillara la luna
todo lo que debiera,
no jugara su luz a desnudarse
por las dulces paredes de tu cuarto.

He llenado la luna y,
después de comprobar que estaba llena
de todo cuanto debe
estar llena una luna,
la he dado una manita de pintura
con el color del que se tiñe todo
cada vez que sonríes.

He llenado la luna,
he colgado poleas de las nubes,
la he atado una cuerda a la cintura
y he tirado con fuerza,
he logrado subirla hasta la altura
donde la ves ahora, tan brillante
que parece que hayan sido tus ojos
los que la dieran luz.

He llenado la luna,
he empezado temprano, con paciencia,
he acabado a la hora establecida,
justo cuando la noche
comienza a hacerse grande,
justo cuando la luna debe estar
regalándole brillo a tu ventana.

Ahora me sentaré
hasta que venga clara la mañana
y tenga que traer
de nuevo hasta la tierra
la blancura redonda de la luna.

Y volver a empezar.
Y llenarla de nuevo.
Y así un día tras otro, y otro más,
aunque no te des cuenta que soy yo
el que llena la luna cada noche.
Aunque duermas feliz y nunca sepas
—aparte de en zurcirse el corazón—
en qué pierden el tiempo los poetas.

El poema más delicado del libro. El amor silencioso de quien trabaja en la sombra para que otro duerma en la luz.

Premio XIII Certamen Nacional de Poesía «Guadiana» 2012, Ciudad Real

✦ ✦ ✦

El poema más bello del mundo

Amor y cotidiano
Yo quería escribir el poema más bello del mundo,
describir la belleza desnuda en un par de palabras,
recitar nuestra historia de amor a la luz de una noche.
Pero el nervio incendiaba cigarros
y la mente se helaba a destiempo.

Yo quería contar los momentos que no conté nunca,
la ventana de un bar que esperaba cerca de las doce,
una mesa, un café, tus apuntes, mis ganas de verte.

Yo quería probar de tus labios tu alegre impaciencia,
escuchar de tu voz como andaba el humor de tus padres,
¡vaya mierda de yerno les diste!
incapaz de escribir el poema más bello del mundo.

Yo quería ponerte la vida en las manos abiertas,
dibujar en tus ojos la imagen de un campo de versos,
atraparte en el centro de un mundo con núcleo dorado,
pero nada salió de mis manos.

Yo quería vivir a tu lado en un libro dormido
y sentirnos eternos viajantes por sueños ajenos,
habitantes tú y yo del poema más bello del mundo.

Desperté con la cara apoyada en un folio arrugado,
con resaca de no haber escrito lo que me propuse,
con mi boca diciéndome a voces que le diera agua.

Me quité la ropa,
me fui al dormitorio,
me olvidé de escribir el poema más bello del mundo.

Levanté la persiana amarilla que te defendía
de esos rayos cabrones de sol que iluminan todo,
y allí vi tu cuerpo, sin cubrir apenas.

Vi tus pechos nuevos llamándome a gritos,
tu cadera estrecha, tus piernas pausadas,
desnudez aguda con sonrisa leve.

Me miré en el espejo del fondo y observé mi cara,
dibujé otra sonrisa en mi boca y entendí la vida.
Entendí que esa noche negada, como tantas otras,
Dios había traído a mi cama
el poema más bello del mundo.

La ambición fracasada que descubre la única ambición que importa. El hallazgo de lo extraordinario en lo doméstico.

Albaricoque de Oro 2007, Excmo. Ayto. de Moratalla

✦ ✦ ✦

De tanto sabernos

Desamor
Nos sabíamos tanto,
que de tanto sabernos
me olvidaba a menudo
de seguirte aprendiendo.

Nos sabíamos tanto,
tanto a fuerza de besos,
que por no descubrirme
me inventaba secretos.

Nos sabíamos todo,
las esquinas del cuerpo,
callejones del alma,
el final de los versos.

Nos sabíamos tanto
que de tanto sabernos
aprendimos, de golpe,
a dejar de aprendernos.

Cuatro estrofas perfectas sobre la trampa más común del amor largo: confundir conocer con seguir descubriendo.

✦ ✦ ✦

Costumbres

Amor largo
Estaban acostumbrados a no verse,
a deshacerse los ojos
en la ausencia contraria,
a echarse de menos en los ascensores.

Se tomaban su tiempo y la medida
del otro en el oscuro
vacío de la cama,
desierta de banderas y de muertos.

Aspiraban las motas del silencio
e inundaban sus pechos
con caricias de nadie,
y se querían.

Esperaban nerviosos
el momento de cruzarse en el portal,
de prorrogar su juramento con un beso.

Compartían la nada
que colgaba de la percha
más antigua del armario,
el colchón y los ladridos
del perro diminuto del vecino,
y se querían
¡Joder si se querían!

Llegó la mañana
con un agosto al hombro
y llamó a su puerta.
Prepararon con ansia las maletas,
el bikini de rayas, la falda
–sólo un poco más larga que las ganas–,
la maquinilla de afeitar,
los pantalones cortos
y el disco de los Beatles,
y corrieron inmensos
hasta la terminal del aeropuerto.

Ya en el avión,
sentados en asientos de primera,
descorcharon el cava
para el brindis perfecto.
Sirvieron sus deseos en las copas,
se miraron, pausados, a los ojos,
y no se conocieron.

Uno de los mejores finales del libro: la distancia que crea la rutina, narrada con una ternura que hace el giro final más devastador.

✦ ✦ ✦

Sencilla melodía

Elegía
Sencilla melodía, fuiste escrita
sobre la piel fugaz de un pentagrama.
Suenas como el dolor cuando más duele,
cuando se agarra fuerte al corazón
y le deja las uñas bien marcadas.

Sencilla melodía, tan sencilla
como la mano triste que te toca
y te viste de ausencia y lejanía.

¿Cuántas notas guardaste en tu silencio?
¿Cuántas tardes de lluvia en tus bolsillos?
¿Cuántas claves de sol hicieron falta
antes de que tu sol se hiciera polvo
para volverse al polvo de la nada?

Sencilla melodía, no supimos
escuchar más allá de aquel adagio
que envenenaba al viento con sus notas,
que dormía atrapado en su compás.

Escapaste una tarde, de puntillas,
volando sobre un tono sostenido
por la ventana abierta de la vida.

Sencilla melodía, tierna y frágil,
no podía ser otro tu final,
te fuiste en una escala descendente,
apagando el sonido de tus pasos,
dejándonos, tan sólo, soledad
y un silencio de negra
que se alarga en el tiempo
hacia la eternidad.

En memoria de Francisco Jiménez. La muerte de un amigo convertida en partitura. Uno de los poemas más conseguidos formalmente del libro.

✦ ✦ ✦

La casa

Soneto
Colgado en el cristal de tus paredes
tengo este corazón de fuego y viento,
artrosis en el alma, en el intento
puertas de par en par porque te quedes.

En mi balcón los sueños que me cedes,
en el tuyo la flor del pensamiento,
en el desván escondo el sufrimiento
por si cierras los ojos y me puedes.

Mis fronteras las marca tu presencia,
no hay nada más allá de tu verdad
ni nada más acá de mi mentira.

Respiramos el aire de la urgencia,
nos tomamos la mano, soledad
que ve que somos uno y se retira.

El único soneto del libro y uno de sus momentos más altos. La arquitectura clásica al servicio de la idea más sencilla: que el hogar es una persona.

✦ ✦ ✦

Ahora que ya no fumo

Humor & verdad
Ahora que ya no fumo
y mis dedos perdieron
el color amarillo de sus rabias,
no sé si seré capaz de nuevo
de leer una poesía. Una maldita poesía.

Ahora que no fumo
no me gusta mi voz,
ya no es la misma. Ahora no.
Ya no se rompe cuando menos te lo esperas.

Ahora que ya no fumo
apenas toso versos
que sirvan para algo. Para nada.
Y ya no leo poesía. Ni una puta poesía.

Ahora que no fumo
me parece la vida un sinsentido,
un canasto repleto de palabras
que saltan a la vista
cual manzanas podridas.

Ahora que ya no fumo
y que no leo poesía
me doy cuenta de que no escribo nada.
Respiro mejor, sí, algo mejor,
pero no escribo nada.

He cambiado por aire
mis sentimientos turbios,
mis penas asfixiadas,
tanta melancolía.

¡Vaya mierda de verso!
tanta melancolía…
Ahora entiendo a Sabina.
Lo que creí inspiración
fue sólo nicotina.

La autoironía llevada a su máxima expresión. Poema que hace reír y luego duele, en ese orden exacto.

✦ ✦ ✦

Mi nombre es Nada

Denuncia · Elegía
Alejandra. Mi nombre era Alejandra.
Ahora ya de nada ha de servir.
No me llamará nadie.
Sé que no queda tiempo,
que las rosas que crecerán ahí fuera
no habrán de verme nunca.

Ahora sé que el final por fin se acerca,
que llegará la muerte hasta este cuerpo
que ya no siento mío.

Se deshará mi alma entre la luz
y olvidaré sus ojos,
el pecado constante de sus ojos.

Hubiera preferido que la vida
se alejara de mí de otra manera,
pero ya no hay remedio.

Al fin llega la muerte
para cubrir mi cuerpo con su manto,
para borrar de mí esta desnudez
que quedó señalada por los dientes
de un ser irracional
que me humilló mil veces.

Dios cure estas heridas
y el dolor infinito de mi madre
que encontrará mis huesos esparcidos
bajo la amarga arena del desierto.

Dios perdone a las bestias
que me robaron todo,
a aquellos animales que cubrieron
mi cuerpo con sus babas,
que borraron las risas de mi boca,
y dejaron mi edad sin una lágrima.

Alejandra, mi nombre era Alejandra.
Ya de nada me sirve.
Quedará para siempre en una cruz
que alguien pintará en esa pared
que daba a la ventana de mi cuarto.

Ese cuarto que dejé desordenado,
con mis zapatos rojos
tirados por el suelo,
cuando los hijos mismos del demonio
se adueñaron de mí.

Y nadie va a hacer nada.
Sé que nadie hará nada.
Y cuando se deshagan de mi cuerpo
correrán a por otro,
y después otro, y luego otro.
Y todos mirarán hacia otro lado.

Alejandra. Mi nombre era Alejandra.
Y ahora, al fin, es Nada.

Dedicado a Lilia Alejandra García Andrade, asesinada en Ciudad Juárez en 2001 con 17 años. El poema más necesario del libro y, probablemente, el que más duele. Una voz que el autor presta a quien ya no puede tenerla.

04

Valoración final

★★★★★

El Café del Loco es uno de esos libros que demuestran que el éxito de lectores y la calidad poética no son incompatibles. Antonio eMe ha construido un poemario que funciona en todos sus registros porque parte de la honestidad: este es el libro que él podía escribir, no el que se supone que debe escribir un poeta.

Sus doce años de vigencia —el libro sigue siendo su obra más vendida— no son un accidente. La combinación de humor, ternura, denuncia contenida y erotismo cotidiano responde a una demanda lectora real que la poesía española demasiado a menudo ignora. eMe la conoce y la sirve sin condescendencia.

Puede desconcertar a lectores que buscan una línea única. Pero el conjunto funciona como funciona un buen recital: con altibajos, con sorpresas, y con esos tres o cuatro momentos en los que un poema te para en seco.

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